Relato Erótico Ilustrado: Nuestros primeros tríos

Relato Erótico Ilustrado: Nuestros primeros tríos

Siempre que hacíamos el amor, fantaseábamos con tener relaciones con otras personas, eso nos ponía a mil por hora y alcanzábamos unos orgasmos de campeonato. Decidimos llevar acabo nuestras fantasías sexuales en la medida que no perturbara nuestra bien avenida relación, todo debía de hacerse de acuerdo a los intereses de ambos, si uno de los dos decidía que aquello que estábamos haciendo no nos satisfacía o entendíamos que produciría algún trastorno en la relación, pararíamos.

Decididos como estábamos a llevar a cabo nuestros planes, yo le comenté a mi esposa que me producía mucho morbo el imaginar como ella era follada por otra verga, a lo que ella me contestaba que por el momento ni se le pasaba por la cabeza llegar a esa situación, que de momento la cosa debía ser muy suave, que de buenas a primeras no se iba a meter en la cama con un extraño y mucho menos follar con él. Llegados a este punto, pensamos como iniciar las fantasías que tanto nos hacían gozar en la cama.

Era un sábado en el que habíamos quedado con unas parejas para cenar en nuestra casa y le propuse a mi esposa que se pusiera ropa sexy, así como la ropa interior que a mi tanto me excitaba, me gustaba saber que ella llevaría puesta la ropa que a mí me gustaba para sentirme excitado. Llegaron nuestros amigos y yo había quedado con mi mujer que cuando llegara el momento de tomar las copas en el salón, ella se pusiera enfrente de uno de los invitados y cruzara las piernas dejando ver sus bonitas braguitas (llevaba puesta una minifalda), así lo hizo, cuando uno de los amigos estaba enfrente de ella, cruzo las piernas lentamente dejando ver sus braguitas, se la veía algo cortada, pero a medida que controlaba la situación y viendo que nuestro amigo no apartaba la vista, ella decidió que no era momento de cortarse y dejo su entrepierna abierta para que el disfrutara de la visión, yo por mi parte estaba haciendo lo mismo, disfrutando de aquella visión, mientras me hacia el loco.

Después de ver como se excitaba nuestro invitado, mi esposa salió del salón y haciéndome un gesto yo la seguí poniendo una excusa, estaba en la habitación esperándome para contarme como se había sentido, estaba mojada, toque su coño a través de la braga y mi mano se empapo de sus líquidos vaginales, baje la prenda y recorrí con los dedos su raja y la entrada del culo, sabía que eso la excitaba. Me baje los pantalones sacando mi polla, coloque a mi esposa apoyada en la cama y la empecé a frotar los dos agujeros, ella se excitaba por momentos, le dije que me comiera la polla cosa que hizo con fruición.

Lo que más nos excitaba era saber que si un invitado fuese al servicio nos pillaría en plena faena (cosa que no paso), comenzamos a follar medio vestidos hasta que nos corrimos, tras lo que, una vez finalizamos, volvimos al salón y allí de nuevo estuvimos con los invitados hasta que finalizo la velada. Cuando se hubo marchado el ultimo mi mujer se desnudó lentamente sobre el sofá y rememorando lo que habíamos vivido volvimos a follar, comentando como había sido la fantasía ¡fue un orgasmo de campeonato!

Llegó el verano y nos fuimos de vacaciones a la costa, allí mi mujer que por regla general era muy cortada estaba totalmente desinhibida, tomaba el sol en topless, y cuando paseábamos se ponía un pareo con bragas casi transparentes, lo que motivaba que algún curioso se la quedara mirando cuando ella intencionadamente se agachaba, o estando sentada, cruzaba sus piernas para el deleite de su marido y algún que otro curioso. Una tarde fuimos de paseo a un pinar cercano, había llevado la cámara de fotos y le propuse hacer unas fotos “picantes, ella en un principio dijo que no, pero después de sentarnos en una manta que llevábamos y besarla con caricias, fue entrando en materia.

La fui desnudando poco a poco, a la vez que iba fotografiando cada escena. Primero la quite el top que llevaba, quedándose en sujetador, después el pareo, ya estaba en bragas y sujetador cuando me di cuenta que entre los matorrales se encontraba un joven de unos 25 años observando todo lo que hacíamos. Le dije a mi mujer que fuera quitándose las prendas que le quedaban de forma provocativa, mientras yo seguía haciendo fotos a la vez que observaba por el rabillo del ojo como el joven no perdía detalle. Mi mujer comenzó a acariciarse todo el cuerpo, excitándose, se frotaba el clítoris, a la vez que se pellizcaba los pezones, yo me desnude mostrando mi polla, ella la cogió comenzando una mamada, nos colocamos haciendo un 69 y, mientras ella chupaba, yo le comía el coño.

Me tumbé sobre la manta y le dije a ella que se pusiera a horcajadas para follármela, lo hizo de tal forma que nos quedamos enfrente del joven, que seguía sin perder detalle, comenzamos el mete-saca y cuando estábamos a punto de corrernos le dije al oído que teníamos un espectador, ella trato de salirse, pero yo le dije que no importaba, que allí no nos conocía nadie, mi mujer dudo por unos instantes y como veía que a mí no me importaba decidió seguir, pero el saber que nos estaban observando la ponía mas cachonda y gesticulaba exagerando.

Seguíamos haciendo el amor cuando se me ocurrió proponerle que invitáramos al joven a acercarse para que nos viera mejor, a lo que ella en un principio se negó, pero después de insistir, accedió. Me levante con la polla erguida y le grite al joven para que se acercara, vino a donde estábamos y una vez allí le dije que como había visto la escena, si le importaría hacernos unas fotos de primer plano follando. Accedió a ello y de nuevo comenzamos a follar, ahora el joven cerca de nosotros nos hacía fotos sin parar, se acercaba y fotografiaba mi polla introduciéndose en el coño de mi mujer, cuando yo la sacaba y ella me la comía, metía la cámara casi en la boca de ella, también fotografiaba el coño abierto de mi mujer, mientras ella se lo mostraba a la vez que me hacia una felación.

Me acerque a la oreja de mi mujer y le pregunte si le gustaría comerle la polla al joven y, sorprendentemente para mí, me dijo que, si a mí no me importaba, que estaba dispuesta. Le dije al joven que se desnudara y saco su verga, era un poco más grande que la mía, le dijimos que como se había portado bien en recompensa de aquello recibiría algún favor de mi mujer. Me tumbé en la manta y ella se colocó encima mío, dándome la espalda, se introdujo mi verga y apoyo las manos en el suelo, a la vez que la follaba le pellizcaba los pezones, que los tenia duros por la excitación. Le dije al joven que se acercara y mi mujer comenzó a pajearle con la mano, viendo como estaba de excitada le dije que le comiera la polla y lo hizo, la escena era digna de una película porno, estábamos allí follando los dos y, a la vez, mi mujer estaba con otra polla en la boca gozando, después de un rato que para mí fue especial nos corrimos los dos, esperando que el joven también se corriera y por fin lo hizo, saco su polla de la boca de mi mujer y se corrió sobre las tetas de ella.

Nos vestimos y dimos por finalizada aquella fantasía, agradeciendo la colaboración del joven que por su cara se veía que le hubiera gustado follarse a mi mujer, pero no era la ocasión, ella no estaba preparada para follar con un extraño. La Semana Santa del año siguiente planeamos hacer un viaje a Santo Domingo, íbamos a ir a un precioso hotel en la costa, ya por aquel entonces mi mujer y yo habíamos realizado bastantes fantasías de exhibicionismo. Una de aquellas fantasías la hicimos sin habérnoslo propuesto, pero ya que se dio la ocasión, lo hicimos.

Era la tarde que habíamos quedado para contratar el viaje, estábamos en un parque dando un paseo, cuando a mi mujer le apeteció quedarse sentada en la hierba, al lado nuestro había un grupo de jóvenes universitarios, mi mujer llevaba puesto un vestido de corte normal, el grupo estaba a escasos metros de nosotros, a ella le entraron ganas de orinar y me dijo guiñando un ojo que se iba detrás de un matorral cercano, me lo comento de forma que se oyera, yo le dije que bien, que allí la esperaba. Se fue, y casi detrás de ella, se fue, a la vez, uno de aquellos jóvenes. Cuando regreso me conto lo que había pasado. Ella se encontraba en el matorral y vio como a cierta distancia, estaba el joven mirándola, ella hizo como que no se daba cuenta y se subió la falda hasta la cintura, mostrándole al joven sus bragas, siguió con la demostración de exhibicionismo y se bajó las bragas, lentamente, mostrándole su bien poblada zona púbica, orino y al acabar se froto el clítoris, mientras miraba al joven al que vio cómo se frotaba la verga, por encima del pantalón, acomodo sus prendas y después vino donde estaba yo para contarme lo sucedido. Aquella tarde contratamos el viaje a Santo Domingo.

Llego el día en el que aterrizamos en la isla. Estábamos en el hotel y mi cabeza ardía de deseos lúdicos, me la imaginaba follando con alguien en el hotel y comencé a maquinar un plan para llevarlo a cabo.

Todos los días en la piscina nos atendía un mulato que no apartaba la vista de las tetas de mi mujer. Cada vez que le servía alguna bebida se quedaba mirando al canalillo de su sujetador, de manera sutil, pero yo me di cuenta rápidamente, por lo que pensé que quizá sería la persona adecuada para llevar mi plan acabo.

Una tarde, mientras ella se encontraba tomando el sol en la piscina, me acerqué a la barra donde él se encontraba y, poco a poco, fui derivando la conversación hacia temas sexuales. Era un chico joven que no tenía novia y me dijo que hacía mucho que no hacia el amor. Le pregunte descaradamente si le gustaba mi mujer y él se ruborizo, pensando que a mí me iba a molestar su contestación, pero después de decirle que lo diría, me contesto que sí que estaba muy buena. Le propuse hacer un trio con mi mujer, a lo que el acepto encantado. Lo difícil seria convencerla a ella. Cada vez que nos servía el mulato bebidas, yo le hacía comentarios de índole sexual acerca de él, mi mujer no decía nada.

Una tarde que estábamos en la cama tumbados porque hacía mucho sol, yo había tramado un plan con el mulato para llevar mi fantasía a cabo. Pedí unas bebidas, que diligentemente subió nuestro amigo, cuando toco en la puerta, mi mujer que se encontraba en braguitas y sujetador, se fue al baño para evitar ser vista por alguien ajeno. El camarero dejo las bebidas en la cómoda y yo prepare la cámara de video para grabar lo que allí pudiera suceder, el hizo como que se iba y se oyó como se cerró la puerta, mi mujer confiada salió del baño y se encontró con nuestro amigo mirándola fijamente, al principio se sintió ruborizada, pero como vio que yo no le daba importancia, se sentó en la cama a esperar acontecimientos. Le pregunte al mulato si le gustaba mi mujer y no dijo nada, se le notaba una tremenda erección. Mi mujer pregunto que íbamos a hacer y yo le dije que lo que se terciase, en definitiva, si estaba dispuesta a pasar un buen rato, ella acepto, le gustaba aquel chico.

Le dije al camarero que se desnudase y lo hizo, enseñándole la herramienta, mi mujer vio que “calzaba” un buen aparato, me dijo que me acercara y lo hice, comenzando una buena mamada en presencia del chico. Le dijo a este que la fuera desnudando, comenzó por quitarla el sujetador, quedando al aire sus bonitas tetas, que tenían los pezones erectos, fue bajando hacia los muslos acariciándola lentamente, mientras ella seguía mamándome la polla, llego al borde de las braguitas y las fue deslizando poco a poco, hasta que las tuvo en los tobillos. Se abrió de piernas enseñándole su coño, invitándole con suaves movimientos a que lo acariciase, no despreciando este la invitación. Se inició un suave magreo entre mi mujer y nuestro amigo, mientras ella seguía mamándome la verga.

Ella estaba desnuda y la escena estaba siendo grabada por la videocámara, le comenté a mi mujer que se colocara encima de mí, como solíamos hacer cuando hacíamos el amor, es decir yo tumbado en la cama y ella a horcajadas encima de mí, de espaldas, para que nuestro invitado pudiera ver cómo me la follaba. Se puso en la posición indicada y empecé a follar con ella, mientras el miraba, le dije que se acercara y puso su polla a la altura de la cara de mi mujer, ella le cogido su verga y con la mano derecha comenzó a pajearle, note como mi mujer se corría por primera vez aquella tarde.

Después de ver como estaba la situación, ella se acercó la verga a la cara y se sentó en la cama, mientras yo observaba. Saco la lengua y lentamente fue lamiendo aquella polla, el joven le acariciaba las tetas, ella se tocaba su clítoris y finalmente introdujo la verga del joven en su boca.

Mamaba desesperadamente como si no hubiera comido una polla en su vida, a mi aquella visión me excitaba mucho y estaba deseando ver como aquella polla follaba a mi mujer, pero no sabía si ella se iba a atrever a tanto, otras veces como he contado ya había tragado otra polla, pero esta vez parecía algo más lanzada, si cabe más cachonda, por lo que me mantenía a la expectativa viendo lo que ella hacía.

Se tumbó en la cama abierta de piernas y le dijo al camarero que le comiera el coño, indicándome que me acercara, cuando estaba viendo como le comía el coño el camarero, ella cogió mi polla y se la introdujo en la boca, mamándola.

Le dijo al camarero que la follara y este coloco su verga en la entrada de su vagina y, frotando lentamente su clítoris, fue metiendo poco a poco su verga en el coño de mi mujer, con embates suaves.

Cuando tuvo la polla metida hasta el fondo lanzo un gemido de placer y le dijo al camarero que la follara con fuerza, este se meneaba rápidamente y mi mujer de nuevo se corrió. Aquella vista hizo que yo, presa de una excitación que hasta esos momentos no había conocido, me corriera en las tetas de ella.

El joven saco la polla y se colocó encima de ella para que se la comiera, ella saco la lengua y fue deslizándola lentamente por toda la polla y los huevos, esperando que este se corriera, chupo aquella cabezota con fruición hasta que él se corrió.

Nos quedamos los tres tumbados en la cama, comentando lo bien que nos lo habíamos pasado, sobre todo a mi mujer y el camarero.

Quedamos en repetir la sesión de sexo en otra ocasión, ya que estaríamos en el hotel unos cuantos días mas.

Yo había grabado todo el polvo con la videocámara y esa noche se lo puse a mi mujer para que lo viera, le gusto lo que había hecho, se puso cachonda y follamos de nuevo. Cuando estábamos en plena faena se me ocurrió preguntarla si le gustaría que se la metiese por detrás, ya que hasta la fecha no lo habíamos hecho, al principio dudo, pero luego me dijo que bien, pero con suavidad. Fui al baño a por vaselina, la comí todo el coño y su precioso culo y, untándome los dedos, le fui introduciendo primero uno, luego dos y cuando vi que estaba súper excitada, puse mi polla en la entrada del culo y, con suaves movimientos le clavé la verga en el culo. Al inicio ella se quejaba de dolor, pero según fue notando que no la dolía, me pidió que le diera con más fuerza, le di unos embates rápidos, yo ya no podía mas y me corrí dentro de su culo a la vez que ella.

Nos lo estábamos pasando de fábula, unas vacaciones que nunca hubiéramos soñado que disfrutaríamos.

Cuando faltaban tres días para irnos, le dijimos al camarero que había que repetir, mi mujer estaba loca por volverse a follar al camarero. Estábamos en el fondo del auditorio del hotel, mi mujer llevaba puesto un vestido ajustado y vio cómo se acercaba nuestro amigo a la mesa, se levantó el vestido hasta la cintura, enseñándole las bragas, quedándose sentada, cuando el las vio se puso colorado y ella, que ya no se cortaba, desplazo las braguitas a un lado, enseñándole su felpudo, el seguía mirando, ella se metió un dedo en la boca y después se froto el clítoris con él, el camarero miraba a la entrepierna, se le notaba que estaba excitado por el bulto que tenía en el pantalón. Aquel lugar estaba algo apartado de miradas ajenas, mi mujer le bajo la cremallera del pantalón y saco la polla, se la meneo y poco más tarde se la introdujo en la boca, le hizo una mamada rápida y este se corrió en la boca de ella y yo allí, viéndolo todo.

Quedamos en que cuando el acabara el turno (a media tarde), subiera a la habitación.

Era una tarde calurosa, estábamos esperando la llegada de nuestro amigo viendo la televisión. Sonó la puerta y era el, traía una botella de champan.

Mi mujer le observaba de arriba a abajo, le comía con la mirada, imagino que estaría pensando cómo se lo iba a follar y yo, a la vez, también imaginaba el encuentro que íbamos a tener. Nos pidió que nos desnudáramos, el joven y yo lo hicimos, nos tumbamos en la cama con las pollas como piedras, mientras observábamos lo que ella hacía. Puso música y se fue desnudando lentamente, primero se quitó el vestido, quedándose en braguitas y sujetador, más tarde se fue bajando lentamente las braguitas y finalmente se quitó el sujetador. Estábamos en la cama, con nuestras pollas empalmadas, nos indicó que nos colocáramos en cada extremo de la cama para dejarla sitio, se colocó en la mitad de la cama y cogido las dos pollas, haciéndonos a la vez una paja. Se fue turnando con nosotros, fue comiendo primero la polla de su marido y después la de nuestro amigo. Se colocó en la mitad de la cama con las piernas abiertas y nos dijo que la comiéramos entera, yo me dedique a comerle las tetas, mientras que él la comía el conejo. En eso que estábamos con los lametones cuando nos dijo que le gustaría follar “diferente”, me quede pensativo y me dije ¡ok!. Me tumbe en la cama y me puse mirando al techo para que ella se pusiera encima, cuando veo que se va hacia el baño y vuelve con el tubo de vaselina ¡ahora sabía lo que quería!

Se colocó encima de mí y me dijo que la comiera el culo, lo hago y comienzo a untar con vaselina su agujero, cuando vi que ya estaba cachonda unte mi polla con la vaselina, ella se coloca de espaldas a mí y se pone la verga en la entrada de su agujerito rosado, de un empellón se la metió hasta el tuétano, mientras el joven no apartaba la vista, se acerca a ella y con la lengua la comía su rajita, mi mujer explotaba de placer. Después de ver cómo era follada por mí, y nuestro amigo le estaba dando una sesión de placer que nunca había sentido, nos pidió que la folláramos los dos a la vez.

La situación era la siguiente, yo estaba tumbado en la cama, ella de espaldas a mí, con mi polla clavada en el culo, abierta de piernas y esperando que nuestro amigo le metiera su verga. El camarero no tardo en satisfacer los deseos de mi mujer y, lentamente, le fue metiendo su polla. Nos movíamos acompasadamente, cuando yo metía el sacaba y así sucesivamente, mi mujer se corrió tres veces y nosotros estábamos a punto de hacerlo cuando gimiendo nos pidió que no nos corriéramos dentro, que le gustaría que nos corriéramos en su cara. Así lo hicimos, sacamos las pollas, ella se situó en la mitad de la habitación de rodillas, cogió las dos vergas con sus manos y comenzó a menearlas, esperando la corrida en su cara. No tardamos en explotar, nos corrimos en la cara de mi mujer, ella se frotaba la corrida por las tetas, a la vez que nos mamaba las vergas, que ya se habían quedado algo flácidas.

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